Las luces estaban apagadas y la música a todo volumen. Esto limitaba mis dos sentidos más desarrollados pero… aún así la vi. Me hice el disimulado, no quería parecer desesperado por verla. Pasé por al lado suyo y ella también me vio. Se echó a mis brazos. Increíble momento. Me hubiera quedado así durantes minutos, horas, días… Alimentándome de su perfume y del tacto de su pelo que se deslizaba por entre los dedos de mis manos.
Bebimos, bailamos, saltamos, bebimos, bailamos… y pusieron nuestra canción favorita. Quizá no la favorita, pero sí de esas canciones que te dicen algo, que te gustan especialmente y que a ella le pasaba exactamente igual. La cantamos entera, gritando. Nos daba igual la afinación, había que cantarla a pleno pulmón como si se tratara de nuestro último aliento, y así lo hicimos.
Llegó el momento de la despedida. Fue… como debe ser una despedida. Sonriendo y deseando que se repitiera el próximo encuentro. Tras este momento, salí muy reconfortado.
Bebimos, bailamos, saltamos, bebimos, bailamos… y pusieron nuestra canción favorita. Quizá no la favorita, pero sí de esas canciones que te dicen algo, que te gustan especialmente y que a ella le pasaba exactamente igual. La cantamos entera, gritando. Nos daba igual la afinación, había que cantarla a pleno pulmón como si se tratara de nuestro último aliento, y así lo hicimos.
Llegó el momento de la despedida. Fue… como debe ser una despedida. Sonriendo y deseando que se repitiera el próximo encuentro. Tras este momento, salí muy reconfortado.